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Arquitectura4 min de lectura

Por qué Ibiza tiene una de las arquitecturas más especiales del Mediterráneo

La casa payesa influyó en el movimiento moderno europeo antes de que Ibiza fuera un destino. Una arquitectura sin arquitectos que resultó muy moderna.

Casa ibicenca de volúmenes encalados al anochecer, con lámina de agua, surtidor, césped y un ciprés iluminado.
Volúmenes encalados en Can Flowers.

En 1933, el arquitecto alemán Erwin Broner llegó a Ibiza y se quedó. En los años cincuenta y sesenta llegaron otros: Josep Lluís Sert, Sert de nuevo con el GATCPAC, Raoul Hausmann, Rolph Blakstad. No venían por las playas —en esa época no había turismo— sino a estudiar las casas de los campesinos.

Lo que encontraron fue desconcertante: una arquitectura anónima, construida sin planos por payeses que no habían oído hablar de Le Corbusier, y que sin embargo cumplía casi todo lo que el movimiento moderno estaba proclamando como revolucionario.

Una arquitectura moderna hecha sin saberlo

La casa payesa ibicenca es un conjunto de prismas blancos de cubierta plana que se van sumando unos a otros. No tiene fachada principal ni simetría ni ornamento. Los huecos están donde hacen falta y del tamaño que hacen falta. Los volúmenes crecen por agregación: cuando la familia crecía, se añadía un cubo.

Eso es, punto por punto, el vocabulario del racionalismo: volumen puro, cubierta plana, ausencia de decoración, planta que responde a la función, crecimiento orgánico. Los arquitectos de la vanguardia europea estaban dibujando en los años veinte lo que en Ibiza se construía desde hacía siglos.

La diferencia es el motivo. El movimiento moderno llegó al cubo blanco por convicción intelectual. Ibiza llegó al cubo blanco porque era la forma más eficiente de resolver una casa con los medios, el clima y los materiales que había.

La lógica que hay debajo

Todo en la casa payesa responde a una pregunta práctica:

¿Cómo no pasar calor? Muros gruesos de piedra que retardan la entrada del calor muchas horas. Encalado blanco que refleja la radiación. Huecos pequeños en las caras expuestas. Porche —el porxo— que crea sombra profunda delante de la puerta y funciona como habitación de verano.

¿Cómo aprovechar el agua? Cubiertas planas ligeramente inclinadas hacia una cisterna. En una isla sin ríos, cada metro cuadrado de tejado es un recolector.

¿Cómo construir con lo que hay? Piedra del propio desbroce, cal de las caleras locales, madera de sabina y pino, cañizo, algas secas de la playa como aislante. Radio de suministro: un kilómetro.

¿Cómo defenderse? Las torres de defensa contra la piratería berberisca, incorporadas a algunas casas, explican los muros más gruesos y los huecos más pequeños de lo estrictamente necesario para el clima.

Ninguna de esas decisiones es estética. Todas producen, juntas, algo de una belleza extraordinaria. Es la lección más útil que hemos aprendido trabajando aquí: cuando cada decisión constructiva está bien resuelta, la forma sale bien casi sola.

Lo que sigue vigente hoy

Nosotros construimos casas contemporáneas: hormigón, acero, grandes superficies de vidrio, instalaciones complejas. No hacemos réplicas de casas payesas, y creemos que hacerlas sería un pastiche.

Pero los principios se mantienen íntegros:

  • La sombra se construye. Hoy con voladizos y celosías en lugar de con porches, pero es el mismo recurso: que la protección solar venga de la arquitectura y no de un toldo añadido después.
  • La masa importa. Un forjado de hormigón bien aislado hace el trabajo que hacía el muro de medio metro.
  • El patio funciona. Un patio interior da sombra propia, genera convección y permite ventilar sin exponerse. Es una de las mejores decisiones que se pueden tomar en una casa mediterránea, y la usamos siempre que la parcela lo permite.
  • La orientación es gratis. Sur protegido, poniente controlado, ventilación cruzada. No cuesta un euro más y decide cómo se vive la casa en agosto.
  • Pocos materiales, bien puestos. La casa payesa usa tres. Las buenas casas contemporáneas de la isla también.

Por qué la isla sigue atrayendo buena arquitectura

Ibiza tiene una combinación difícil de encontrar: una luz muy intensa y muy limpia, un paisaje de pinar y roca que llega hasta el mar, un patrimonio construido que da una referencia formal clarísima, y una normativa que —con todo lo estricta que resulta cuando te toca tramitar— ha evitado que la isla se construya como otras partes de la costa mediterránea.

Ese conjunto es la razón por la que estudios de arquitectura de toda Europa siguen queriendo hacer una casa aquí. Y es también la razón por la que construir aquí es un oficio particular: los mismos materiales, los mismos detalles y los mismos plazos que funcionan en el continente no funcionan igual en una isla con sal en el aire y un barco de por medio.


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